jueves, 21 de septiembre de 2017
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Arrachea: “La física es una actividad tan creativa como el arte”

La investigadora del CONICET y directora adjunta del Centro Internacional de Estudios Avanzados de la UNSAM habla sobre la investigación en física de la materia condensada, a la que asemeja a una suerte de arquitectura en la que se ensamblan materiales para conseguir ciertos efectos. También se refiere a los logros y desafíos del centro a un año de su inauguración.

Por Nadia Luna

 

Agencia TSS Liliana Arrachea es una apasionada de la física teórica y la fascinación por su trabajo se refleja cuando lo explica. Aunque la física de la materia condensada, su área de especialización, está plagada de conceptos que escapan a la terminología cotidiana, ella compara su trabajo con el de sociólogos y arquitectos, con la diferencia de que su objeto son las partículas, su comportamiento en diferentes situaciones y la construcción de modelos que pueden dar lugar a nuevos materiales.

Arrachea es investigadora principal del CONICET y se formó como doctora y licenciada en Física en la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente, se desempeña como directora adjunta del Centro Internacional de Estudios Avanzados (ICAS) de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la UNSAM. Entre otras distinciones, el año pasado obtuvo el Premio de Investigación Georg Forster de la Fundación Alexander von Humboldt, que reconoce la trayectoria de investigadores excepcionalmente calificados provenientes de países en desarrollo.

¿Por qué eligió especializarse en física de la materia condensada?

Me acerqué a la física luego de estudiar astronomía durante un tiempo, que era algo que me gustaba desde que tenía 10 años. Sin embargo, el tipo de orientación que tenía la carrera no me terminaba de convencer. Para dedicarme a la astrofísica, me pareció que iba a tener una mejor formación como física, así que hice las materias que me faltaban y me cambié. A medida que fui avanzando, me di cuenta de que el área de teoría de la materia condensada era tan fascinante como la astrofísica. Era un universo muy interesante al cual, a nivel divulgación, uno no suele tener acceso en edades tempranas. Además, antes de terminar la carrera, se hizo un gran descubrimiento: el de los superconductores de alta temperatura crítica. La superconductividad es un fenómeno que se conoce desde hace más de una década, pero lo que se descubrió en aquel momento (1986) fue una nueva familia de materiales superconductores que no se podían explicar con las teorías existentes hasta el momento. Me pareció fascinante y decidí cambiar de área.

¿Por qué era tan importante ese descubrimiento y qué implicancias tiene en la práctica?

El fenómeno de la superconductividad implica que se pueden generar corrientes prácticamente sin resistencias. Esto es algo que ocurre a temperaturas muy bajas, cerca de lo que se llama “cero absoluto” (-273,16° C). Es un fenómeno que tiene un potencial impresionante, pero, para poder usarlo de manera masiva, es necesario que ocurra a temperaturas más altas, para no requerir el uso de helio líquido, que es muy costoso. Como en estos materiales que se descubrieron el fenómeno ocurría a temperaturas un poco más altas, el impacto tecnológico fue muy importante. Este fenómeno se puede usar para generar campos magnéticos, equivalentes a imanes superpotentes, y un uso práctico concreto se da en los equipos de resonancia magnética de los hospitales. También planteó un gran desafío para los físicos teóricos y varios premios Nobel se dedicaron a proponer teorías para explicarlo. Tras 20 años, el interés comenzó a decaer porque nunca llegó a haber una teoría que lo explicara, con lo que es un tema que todavía está abierto.

“Cuando las partículas tienen que estar juntas en determinadas condiciones, sucede lo mismo que con las personas: se comportan de manera diferente que cuando están aisladas”, dice Arrachea.

 

¿Cómo se relaciona el trabajo entre el área de física teórica y el de física experimental?

Muchas veces, se descubre algo desde lo experimental y los teóricos queremos contribuir a explicarlo, como fue el caso de los materiales superconductores. Otras, sucede al revés: se generan ideas desde la teoría y los físicos experimentales tratan de llevarlas a la práctica. Dentro del área de materia condensada está la “ciencia de materiales”, en la que trabajan físicos y químicos, por lo que es más interdisciplinaria. Ellos se dedican a producir nuevos materiales en el laboratorio, que se estudian a distintas escalas. Para la superconductividad se trabaja con materiales macroscópicos, pero hay otros fenómenos que ocurren cuando se manipula un material a escala nanométrica. Entender esos mecanismos sirve, por ejemplo, para construir aparatos que usamos diariamente, que tienen componentes electrónicos cada vez más pequeños.

¿Cómo describiría su trabajo cotidiano?

Los que hacemos materia condensada somos una suerte de sociólogos de la física. Los fenómenos de conducción de la energía en los materiales involucran a muchísimas partículas. Hasta un componente nanométrico tiene un número de electrones que anda por los cientos de miles. Cuando las partículas tienen que estar juntas en determinadas condiciones sucede lo mismo que con las personas: se comportan de manera diferente que cuando están aisladas. Exploramos fenómenos colectivos con ecuaciones matemáticas. Otra área con la que nos suelo comparar es la arquitectura, porque parte del trabajo consiste en ver cómo ensamblar los materiales para conseguir ciertos efectos. Lo que hacemos es diseñar un modelo como un arquitecto y expresarlo matemáticamente.

¿Cómo evalúa la formación de físicos en el país? ¿Hay suficientes?

El nivel de recursos humanos en la Argentina es muy bueno y hay un número cada vez mayor de gente que estudia física. Lo que escasea un poco es la actividad experimental. Algo importante en relación con este tema es que estamos por lanzar la carrera de grado en física. Aún no se está claro si el título de graduado será en física o en ciencias con orientación en física. La carrera será parte de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la UNSAM y la coordinaría, principalmente, el ICAS. Queremos que tenga un formato moderno, compatible con los nuevos modelos europeos. Creo que la educación argentina de grado es excelente. El problema no es la calidad de los recursos humanos, sino qué hacer después con ellos, hacia dónde sería más interesante tratar de enfocarlos. En algunas áreas, el problema también es material. Las ciencias experimentales necesitan muchos recursos y es importante tratar de estimular un flujo constante con el resto del mundo. La comunidad científica tiende a encerrarse y eso es muy negativo porque puede hacer perder el vínculo con el nuevo conocimiento que se va generando.

En una entrevista, había dicho que con el ICAS sentía que estaba involucrada “en algo que puede marcar un antes y un después” en la Argentina. ¿Se refería a profundizar lazos entre investigadores argentinos y extranjeros?

Sí, la idea es tratar de que el centro contribuya a romper esa estructura endogámica, tratar de darle más dinámica al intercambio internacional, por ejemplo, mediante congresos y simposios, como el que hicimos el año pasado, para el cual trajimos a científicos muy reconocidos de distintos países. No estamos inventando nada, pero es muy importante generar un punto de encuentro en el que haya movimiento de gente de diferentes instituciones y se promueva el intercambio de ideas.

“La física es gratificante de a ratos, como todo trabajo científico, porque siempre estamos buscando respuestas”, dice Arrachea.

 

 

¿Qué balance realiza del primer año del ICAS?

Para ser nuestro primer año, fue muy positivo. Hicimos dos actividades grandes, el simposio que mencioné y otro sobre altas energías. Esto le dio mucha visibilidad al ICAS hacia afuera. Otro gran desafío es implementar desde cero la carrera de física. Como aspecto negativo, es lo mismo que en todos lados: el dinero no siempre alcanza para todo lo que queremos hacer. Para la carrera nos encantaría poder tener un régimen de becas como tienen otros institutos, para poder exigirles a los alumnos dedicación exclusiva. En cuanto a lo positivo, está creciendo el edificio al que nos vamos a mudar en poco tiempo, donde vamos a tener una superficie de mil metros cuadrados para poder instalarnos. Esa perspectiva es fantástica.

¿Por qué alguien que está por comenzar su vida universitaria debería estudiar física?

La física es una actividad tan creativa y exigente como el arte. Hay que estar dispuesto a dedicarle muchas horas de trabajo y aprender cuestiones muy técnicas. Es gratificante de a ratos, como todo trabajo científico, porque siempre estamos buscando respuestas. Cuando uno entendió algo la satisfacción dura solo un rato, porque enseguida pasa a parecer una trivialidad y uno busca cosas nuevas. No es una disciplina de ocho horas de trabajo, es una dedicación realmente exclusiva. Pero, si te gusta, como me pasa a mí, lo hacés con placer.

 
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