viernes, 20 de octubre de 2017
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Con la proa hacia el subdesarrollo

Finalmente el Senado aprobó el 1 de diciembre el presupuesto nacional para 2017, que incluye el recorte al sector de ciencia y tecnología. De esta forma, se reinicia un ciclo de retroceso y destrucción de las capacidades científicas y tecnológicas construidas a lo largo del período de los gobiernos kirchneristas. En los próximos días veremos las primeras consecuencias del recorte, cuando el ministro de CyT Lino Barañao anuncie la contracción en el número de ingresantes a la carrera de investigador de CONICET.

 

 

Por Diego Hurtado *

 

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De acuerdo al Plan Argentina Innovadora 2020, que el propio Barañao impulsó desde 2012 –junto con Alejandro Ceccatto, entonces secretario del MINCyT y hoy presidente de CONICET–, deberían ingresar a CONICET este año más de 900 investigadores. Desde la vuelta a la democracia, entre 1984 y 2003, el número de investigadores de CONICET pasó de poco más de 2000 investigadores a 3200. El ciclo de gobiernos kirchneristas llevó este último número a 9200 en 2015. El plan kirchnerista de Barañao era que el CONICET contara con 14 mil investigadores en 2020. Esta meta se articulaba con llevar el número de científicos, tecnólogos y becarios por cada mil habitantes de la población económicamente activa de la Argentina de 3 a 5 en el período 2015-2020, proporción necesaria para un país en desarrollo que necesita generar puestos de trabajo calificados y mejorar la producción de valor agregado de su sistema productivo.

Por el contrario, el plan macrista de Barañao hoy niega esta meta. Mientras que Barañao proyectaba en 2015 que hoy deberían estar ingresando a CONICET más de 900 investigadores, el recorte presupuestario que aprobó el Senado permite inferir que ingresarán alrededor de 400 investigadores. Si esta cifra se confirma, la perspectiva pasa a ser sombría: hoy en el CONICET hay más de 10 mil becarios, que creyeron en el plan kirchnerista de Barañao, que están haciendo sus doctorados y que verían peligrar su futuro laboral. Recordando otras épocas, lo más probable es que muchos de estos científicos y tecnólogos jóvenes, en lugar de manejar un taxi, decidan continuar sus carreras en el exterior.

Pero hay otros datos que pueden relacionarse con este retroceso del CONICET que muestran que en la Argentina de la alianza Cambiemos no hacen falta ciencia y tecnología: (i) la caída de la actividad industrial en 4,9% en 10 meses de gobierno de Macri; (ii) la decisión de desmantelar proyectos de I+D en Fabricaciones Militares y la Fábrica Argentina de Aviones; (iii) el incumplimiento de leyes aprobadas por el Parlamento relacionadas con producción pública de medicamentos, satélites y energías renovables.

Con referencia a este último punto, el gobierno no está cumpliendo con la Ley 27.113 que supone 150 millones de pesos para la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos. Tampoco está cumpliendo la Ley 27.208 de promoción de la industria satelital, que suponía el desarrollo del satélite ArSat 3, que hoy está paralizado. Peor aún, mostrando una ignorancia difícil de explicar, los funcionarios-CEOs de Macri pusieron el plan de negocios de la empresa pública ArSat en manos de una consultora norteamericana. Digamos que suena raro que un CEO ponga el destino de su empresa en manos de otro CEO de otra empresa. Además, ¿para qué tener un CEO en ArSat si se le paga a otra empresa que sí tiene un CEO que puede elaborar el plan de negocios de ArSat?

Finalmente, tampoco se cumple la creación de un fideicomiso para el incentivo de la industria nacional en el sector de energías renovables que supone la Ley 27.191. Por el contrario, los funcionarios-CEOs de Macri deciden una inversión pública de 1800 millones de dólares en energía eólica que se utilizará en alrededor de un 95% para comprar tecnología importada, ignorando el clúster eólico nacional compuesto por más de 70 empresas, que incluye a tres de ellas con capacidad de producir aerogeneradores argentinos.

 

Hasta el presente no existe una sola medida de los ministros Barañao y Cabrera que despierten alguna esperanza de que esta marcha acelerada hacia el subdesarrollo se pueda comenzar revertir. Hace poco se anunció la creación de la Comisión Asesora Presidencial 2030, que integran algunos científicos prestigiosos. Esta Comisión le haría un gran favor a la Argentina si le explica al presidente Macri que no hay futuro para un país que recorta el presupuesto de CyT de 2017 en un 18% respecto de 2016, mientras que aumenta los servicios de deuda en un 130%. O que le hagan la siguiente pregunta y luego nos cuenten la respuesta: “Señor presidente: ¿cómo piensa que vamos a pagar la deuda externa si el país se desindustrializa, se achica el sector de CyT y se comienza a expulsar a los jóvenes argentinos más calificados?”

 

*Miembro del directorio de la Agencia Nacional de Promoción de CyT (MINCyT)

 

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