lunes, 12 de noviembre de 2018
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Dos caras de la astronomía

Investigadores del CONICET unen estudios observacionales y teóricos para hacer interpretaciones más completas sobre el futuro de los asteroides.

Por Cecilia Leone

 

En el estudio de los cuerpos celestes hay tres grandes ramas: planetas, estrellas y galaxias. Un astrónomo que estudia galaxias no suele dar grandes precisiones sobre planetas. El grupo investigadores del Complejo Astronómico “El Leoncito” (CASLEO, CONICET-UNLP-UNC-UNSJ) se enfoca en la rama planetaria.

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Marcela Cañada-Assandri y Jorge Correa Otto. Foto: CONICET Fotografía.

 

 

“Hay dos vertientes: la observacional y la teórica. En ambas trabajamos con la computadora, ya no se usa eso del astrónomo mirando por el telescopio. La observación que se hace en el telescopio, se guarda en una imagen en una computadora y se trabaja digitalmente. A diferencia de esto, yo me dedico a la parte teórica y trabajo con la máquina como si fuera una gran calculadora y la idea de mi trabajo es hacer una simulación numérica de la evolución del Sistema Solar. Simulamos qué va a pasar de aquí a varios años hacia delante y varios hacia atrás teniendo en cuenta la fuerza de gravedad entre los planetas”, aclara Jorge Correa-Otto, investigador asistente del CONICET en CASLEO.

Trabaja en forma complementaria para estudiar asteroides con Marcela Cañada-Assandri, investigadora asistente del CONICET en el mismo Instituto, quien se ocupa de la rama observacional de la astronomía. Los astrónomos explican que a pesar que la tendencia mundial, en general, en esta ciencia es no trabajar en conjunto las ramas teórica y observacional, vincular sus investigaciones es interesante para refutar o validar teorías.

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Telescopio Jorge Sahade en CASLEO. Foto: CONICET Fotografía.

 

 

“Aprovechamos conocimientos de uno y del otro para hacer interpretaciones más completas. Yo trabajo fundamentalmente con asteroides y sus características superficiales, veo cómo son por afuera para tratar de inferir qué es lo que tienen por adentro. Uno no tiene información real de la composición entonces trato de inferir con distintas informaciones cuál podría ser la composición. Estos objetos no emiten luz, entonces vemos cómo reflejan la luz del Sol y en base a eso tratamos de saber cuál puede ser su composición. Este estudio ayuda a saber si los objetos que estás observando se podrían haber formado en el lugar que los estás observando o no”, explica Cañada-Assandri.

Los asteroides son cuerpos rocosos, carbonáceos o metálicos que se formaron con los remanentes de materia del disco protoplanetario, aquello que no formó un planeta. Por eso se puede inferir en dónde se formaron, cerca o lejos del Sol, de acuerdo al material que los compone. Los planetas del cinturón de asteroides hacia el Sol son rocosos y los más alejados son gaseosos.

La órbita alrededor del Sol de estos cuerpos se ve afectada por la perturbación de los planetas. Por su tamaño, Júpiter es el que más varía sus direcciones. Dependiendo cuán cerca pasan del planeta, este los empuja y cambia su órbita. A modo de ejemplo, se puede comparar el movimiento de los asteroides con el de una piedra en el medio de la ruta, cuando pasa un auto la levanta pero viene otro atrás y la golpea y esa piedra después de diez autos se mueve de su posición original.

Es por eso que la posición que adquieren suele diferir mucho de su origen pero éste se puede determinar analizando sus componentes. Para ello, Cañada-Assandri trabaja en una técnica observacional que se llama polarimetría que permite estudiar la textura de los asteroides. La investigadora explica que por ejemplo no es lo mismo la manera en la que refleja la luz una mesa opaca a cómo lo hace una de metal. Lo mismo ocurre con los asteroides. La polarimetría permite tener una idea de las características de la superficie en lo que respecta a textura. Si el objeto es metálico el tipo de reflejo es diferente a si es más carbonáceo.

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Telescopio en CASLEO. Foto: CONICET Fotografía.

 

 

Estudiamos un conjunto de objetos cercanos a Marte, en el Cinturón de Asteroides. Se trata de un grupo aislado que no está en el mismo plano que el resto de los asteroides, sus órbitas son más inclinadas. Descubrimos que parte de los asteroides NEO (del inglés Near Earth Object, objeto cercano a la Tierra) pasan por ahí. No necesariamente su origen es ese sino que es como si fuese una estación de paso, y eso los hace objetos muy interesantes porque los podemos buscar y ver con más facilidad que cuando están cerca de la Tierra. Con Jorge trabajamos para determinar cuánto dura un objeto que entra a esa zona, cuándo entran y qué tan rápido salen. Yo aporto las cuestiones de las características superficiales para ver de dónde es el objeto, si la posición que ocupa es estable o no y así podemos empezar a pensar de donde podría venir”, afirma Cañada-Assandri.

Por su parte, Correa Otto advierte sobre la importancia de estudiar este grupo de objetos. El problema de los asteroides es que son pequeños y difíciles de seguir porque si bien sus órbitas son bastante estables, son elípticas por lo que es difícil predecir cuándo y dónde va a caer, y por eso se monitorean permanentemente, en especial, los NEO que están cercanos a la Tierra. Aunque la mayoría se deshacen en la atmósfera y no caen en la Tierra, algunos más grandes caen y hacen destrozos. El más famoso es aquel que se cree causó la extinción de los dinosaurios.

“Son tan chicos y escurridizos que puede aparecer uno de golpe y ahí está el problema. Esas cuestiones que son una amenaza latente, no tienen una inversión necesaria porque es algo que va a ocurrir una vez cada tanto. Hay un estudio probabilístico del tamaño del asteroide y cada cuanto tiempo cae a la Tierra, que es como decir en la lotería cada cuanto sale el número 1.000. Cuando aparezca uno se buscará solución, por lo pronto se estudia precariamente los NEOs”, dice.

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