lunes, 24 de febrero de 2020
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TRES MIRADAS SOBRE LA POLÍTICA CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA

Referentes de ciencia y tecnología del Frente para la Victoria, Cambiemos y Progresistas hablaron con TSS sobre las propuestas para el área de sus espacios políticos y evaluaron la gestión del MINCYT. En qué coinciden y en qué se diferencian.

(Agencia TSS)  Con las elecciones presidenciales ya en un horizonte cercano, TSS habló con los referentes de ciencia y tecnología del Frente para la Victoria (FPV), Cambiemos y Progresistas sobre las propuestas para el área de las fuerzas políticas que representan y sobre cómo valoran la gestión delMinisterio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCYT). También abordaron la necesidad de mayor financiamiento para este sector y de mejorar la articulación entre los distintos actores del sistema científico y tecnológico argentino.

Carlos Gianella (FPV), Carlos Melo (Cambiemos) y Danya Tavela (Progresistas) son los tres entrevistados de este informe, para el que también fueron convocados los otros dos partidos que lideran las encuestas. Pero desde el frente político Unidos por una Nueva Argentina (UNA, liderado por Sergio Massa), el equipo de campaña no logró identificar un vocero. Algo similar ocurrió en el Frente de Izquierda (FIT), desde donde comunicaron que el área de ciencia y tecnología “es un campo que no tenemos muy desarrollado a nivel programático”.

Durante las entrevistas con Gianella, Melo y Tavela surgieron coincidencias en cuanto al impulso que tuvo la inversión en ciencia y tecnología durante la última década y en la necesidad de fortalecer herramientas de vinculación con el sector productivo y las economías regionales. Pero también hubo divergencias en la forma de encarar estos procesos, en el rol del Estado y en cómo gestionar la producción de conocimiento en la Argentina.

 

“NECESITAMOS MÁS EMPRESAS QUE EMPIECEN UNA TRAYECTORIA TECNOLÓGICA”

“Necesitamos más empresas que empiecen una trayectoria tecnológica”

Carlos Gianella, referente de Daniel Scioli en ciencia y tecnología, habló con TSS sobre la necesidad de incorporar conocimiento al sector productivo, de fomentar la inversión privada en I+D y sobre por qué los científicos deberían cambiar su agenda.

Agencia TSS – Desde su cargo de subsecretario de Ciencia y Tecnología del Ministerio de la Producción, Ciencia y Tecnología de la Provincia de Buenos Aires, la opinión de Carlos Gianella tiene peso a la hora de intentar delinear las bases de la política para el sector que propone el Frente para la Victoria (FPV). Hombre de confianza de Daniel Scioli, Gianella es ingeniero agrónomo y, entre otras funciones, fue presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC), subsecretario de Educación bonaerense y vicerrector de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). En diálogo con TSS, habló sobre la necesidad de incorporar conocimiento al sector productivo, de fomentar la inversión privada en I+D, de mejorar la interacción entre los organismos nacionales y provinciales de ciencia y tecnología y sobre cómo percibe a otras propuestas políticas para el área.

¿Qué distingue a la propuesta para ciencia y tecnología del Frente para la Victoria de la de otras fuerzas políticas?

Es distinto hablar de un plan de ciencia y tecnología cuando se lo conecta con la idea central que está llevando adelante tu candidato. En nuestro caso particular, Daniel Scioli plantea que la producción de conocimiento tiene un valor no sólo en sí mismo, sino que es imprescindible para el plan de desarrollo del país. Él plantea como eje de su gobierno pasar del crecimiento al desarrollo. Es decir, pasar de una situación de crecimiento desordenado y anárquico, en función de salir de una situación de crisis y desocupación, a través del consumo y de la generación de producción para insumos, a un crecimiento que permita la mejora de la competitividad en el sector de industria y servicios. El sector agropecuario es un sector competitivo y  genera una renta con la cual se mantiene el resto del país. Pero el sector agropecuario no es formador de precios y cada vez que baja el precio agrícola, por distintas cuestiones, el país entra en una situación de crisis por restricción de dólares. Entonces, necesitamos una matriz productiva más equilibrada, capaz de defenderse a nivel internacional. Pero no existe posibilidad de tener más competitividad en el sector de industria y servicios si no es a partir de la incorporación de conocimiento. Porque una industria puede ser competitiva sin un país desarrollado, a través de salarios bajos. Pero no es lo que queremos. Entonces, un país desarrollado necesita una industria competitiva vía infraestructura y conocimiento.

¿Qué evaluación hace de las propuestas para este sector por parte de las otras fuerzas políticas?

Hace poco compartimos un encuentro. La representante de Stolbizer (Danya Tavela, ver entrevista) es una vieja conocida del sistema y amiga, con quien compartimos muchos puntos de vista y no nos diferencia absolutamente nada. El representante de Cambiemos (Carlos Melo, ver entrevista) es un investigador muy reconocido en el sector privado, tanto en la Argentina como en el exterior y ha hecho un plan con sus conocimientos. El tema es que él no puede respaldar lo que dice porque la Ciudad de Buenos Aires tiene una Dirección de Ciencia y Tecnología con un presupuesto de apenas 2,3 millones de pesos. Estamos diciendo que la ciudad más rica, con más potencialidad, es la que menos dedica a ciencia y tecnología, menos que Mendoza, Córdoba, Santa Fe o Entre Ríos. Durante el encuentro que compartimos, el trasfondo era si se le creía o no que lo que estaba diciendo era una posición del candidato que estaba representando.

¿Articular la demanda con la producción científico-tecnológica sigue siendo una deuda que deja esta gestión?

En estos años aumentó la inversión en este sector y se ha producido un resultado significativo, ya que aumentó en cantidad y calidad la producción científica. Hay un tercer punto: también aumentó la cita de trabajos científicos argentinos en patentes extranjeras. Esto es una luz amarilla, porque no nos estamos apropiando de una parte sustancial del conocimiento que estamos produciendo. Es necesario que nos empecemos a ocupar de esto. Y es necesario que los investigadores empiecen a interactuar más en el conjunto del sistema de ciencia, tecnología e innovación productiva. Para lo cual hay que entender las lógicas de cada uno de estos tres componentes y generar mecanismos de articulación.

¿Hacer eso implica tener que superar resistencias de sectores del sistema científico?

Las resistencias disminuyen si planteamos las cosas de una manera razonable. El científico va a trabajar sobre la lógica de correr la frontera del conocimiento aplicando el método científico y compartiendo con sus colegas esa producción. No me parece que tenga que cambiar esa lógica, me parece que hay que respetarla y sostenerla. La lógica del desarrollo tecnológico es problema-solución. Tengo un problema y aprovecho la totalidad del conocimiento para resolverlo. Cuando no me alcanza, hago un desarrollo particular. Pero ese desarrollo no es para correr la frontera del conocimiento, sino para resolver algo. Pero a la vez genera conocimiento. Es decir, no es menos importante. Y la innovación productiva es la aplicación del conocimiento a la resolución de problemas en el sector productivo y en el mercado. Los tres generan conocimiento y se articulan entre sí. ¿Puede haber un sector científico sin los otros dos? Sí. Pero es un problema, porque, ¿quién aprovecha ese conocimiento? Pero no puede haber desarrollo tecnológico ni innovación productiva si no existe un sector que genere conocimiento de calidad. Yo necesito, para hacer un plan de desarrollo, una interacción entre ellos. Entonces, necesito que el científico cambie su agenda no porque se me ocurre, sino porque hay una demanda, porque hay necesidades.

Parece existir un consenso en ciertos ámbitos académicos y de gestión con respecto a que los investigadores jóvenes tienden a involucrarse más en la resolución de problemas productivos que la generación anterior. ¿Ustedes perciben eso?

Hay un cambio total de actitud. No es ni bueno ni malo, es un cambio de época. Si  vos a una generación, que hoy son la conducción de los laboratorios. les pegaste durante 20 años, los mandaste a lavar los platos y algunos se tuvieron que ir del país, se arreglaron como pudieron y sobrevivieron y siguieron investigando en condiciones desfavorables… ¿Con qué cara los vas a criticar y les vas a ir a decir “ustedes tienen una agenda alejada del desarrollo”? Yo no me animaría a un planteo tan irresponsable. Ahora, para un investigador joven, que no pasó por todas esas cosas y que ve las cuestiones de otra manera, eso es muy natural. Obviamente que siguen una tradición, una forma de pensamiento y hay una tensión. ¿Habría que facilitar esto? Yo creo que sí. Por ejemplo, concursar proyectos de investigación con investigadores jóvenes.

Uno de los estandartes esgrimidos por Scioli es que llevará al 1 por ciento del PBI la inversión en ciencia y tecnología, una propuesta que es compartida por otras fuerzas políticas. ¿No puede generarse un volumen de financiamiento para el que todavía no exista una demanda?

Lo dijo así, pero lo hizo en un contexto en el que hablaba de que se necesita mejorar la inversión privada. Hoy estamos en un 0,65 %, alrededor de un 0,5 % de inversión pública y un 0,15 % de inversión privada. Aunque el MINCYT dice que es un poco más la proporción privada y yo coincido con esta última visión. Creo que hay que hacer uno a uno, y entonces ahí la inversión pública estatal va a traccionar a la otra. La meta es 1 % público, pero para eso se necesita un aumento de la inversión privada, para que traccione la demanda y no se genere el problema que plantea la pregunta.

Conrado Varotto, director de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), dijo en una presentación pública reciente que en un país como la Argentina no se puede esperar una mayor proporción de inversión en I+D por parte del sector privado, porque la mayoría son pymes que no tienen vocación ni posibilidad de invertir en eso.

A Varotto le tengo muchísimo respeto, lo que no quiere decir que esté de acuerdo con lo que dice. Él pertenece al sector de tecnologías sensibles y está mucho más conectado con el poder y la cuestión de la situación internacional de la Argentina que con el tema productivo. Su rol en la CONAE es fundamental: la Argentina está en el G20 porque es uno de los 11 países que tienen ciclo nuclear completo y uno de los ocho con tecnología aeroespacial, no porque planta soja ni por su economía. Pero si vamos a las pymes, sabemos que están dispuesta a invertir para resolver sus problemas. Lo que hay que aumentar es la cantidad de empresas con las que trabajamos. Si yo trabajo con 500 empresas y digo “esas son las innovadoras”, como hace el MINCYT, siempre voy a tener la misma inversión privada. Lo que hay que hacer es aumentar la cantidad de empresas que empiezan una trayectoria tecnológica en la resolución de sus problemas. Para competir van a necesitar I+D, es la única forma. Entonces, los planes de modernización tecnológica son imprescindibles para aumentar la base de empresas que empiezan a utilizar conocimientos en su funcionamiento, aunque sean desarrollos de baja y mediana complejidad. Pero uno de los problemas principales es tocar el timbre en la empresa y preguntarles qué necesitan. Y ahí tienen que estar las unidades de vinculación. También hay que resolver algunos problemas: a una empresa que se acerca al Estado por un proyecto, por concurso o por ventanilla abierta, no se le puede contestar en nueve meses, en un año o más. Hay que tener un máximo de 90 días. Después no nos podemos quejar si la empresa rechaza el proyecto.

Tenemos sectores con escasa incorporación de conocimiento en su producción, como el polo electrónico en Tierra del Fuego y el automotriz. ¿Se puede ingresar en cadenas productivas como la electrónica de consumo?

Hay que renegociarlos de manera que funcionen con incorporación de conocimiento. Cada vez que te dicen algo que no, de alguna manera te dicen que sí, aunque no lo parezca. Te dicen “en la cadena productiva de Samsung no se puede entrar”. Desarrollar un teléfono que compita con uno de Samsung no me parece una genialidad, me parecería una tontería y una torpeza. Pero tenemos que buscar otras cosas. Los electrodomésticos, o empezar a hacer software embebido, cosas de menor complejidad. Hay 15.000 puestos de trabajo en Tierra del Fuego. Si nos planteamos esto como un problema, vamos a renegociar con esos trabajadores adentro, con la UOM y el resto de los sindicatos, para tratar de tener, en ocho, diez años, una posición distinta. En los autos es igual o peor. Cuantos más autos se hacen, más se debe. La industria automotriz sirvió para crear empleo y para aumentar el consumo, pero no es un buen mecanismo de resolución de nuestros problemas.

¿Y por qué no se pudo hacer hasta ahora? A las empresas de estos dos sectores les fue bastante bien durante la última década.

De todo no se hizo. Tampoco se hicieron los trenes a tiempo. Ahora, ¿se puede hacer todo al principio? Algo se atrasó, sí, puede ser. Pero si yo debo juzgar lo no hecho, también debo juzgar lo hecho. Se hizo lo que se pudo con los empresarios que había. Todavía nos falta de todo, pero lo hecho hasta acá nos permite pensar cómo encarar el desarrollo del país.

¿Hay una sobreestimación de la utilidad del patentamiento en la Argentina?

Creo que una política de fomentar el patentamiento en algunos sectores es totalmente válida. Hay sectores donde es fundamental, como el de medicamentos. Lo que no creo es que sea una buena medida de impacto de la política de innovación productiva y de mejora de la competitividad.

Al MINCYT se le cuestiona su dependencia de fondos de organismos de crédito como el BID. ¿En qué medida es un condicionamiento?

El BID tiene sus restricciones y esas restricciones se traducen en los financiamientos y hay necesidades de la Argentina que no va a financiar el BID porque no están en su agenda. Y dije de ciencia, no hablemos de desarrollo tecnológico sensible o que sea importante para el desarrollo tecnológico de las empresas.

Autores como Mariana Mazzucato ponen énfasis en la necesidad de que el Estado puede traccionar el desarrollo tecnológico mediante su poder de compra y que debe invertir allí donde el sector privado ve riesgos para hacerlo. ¿En qué sectores sería necesario en la Argentina?

En el sector de energía, que es crítico, el actor principal va a seguir siendo el Estado. Dado un plan de desarrollo, que necesita al conocimiento, tenemos que empezar a articular las cosas de una manera distinta a cómo lo hacíamos. ¿Por qué necesitamos hacer fabricación pública de medicamentos? Yo creo que puede ser uno de los sectores que puede llegar a tener competitividad mundial entre los sectores productivos argentinos. Pero tenemos un problema: nos cobran a nosotros lo mismo que en Londres. ¿Cómo se puede negociar eso? El Estado puede decirle a los laboratorios “yo te financio ensayos, pero veamos los precios”. La capacidad de negociación depende de que te crean lo que vas a hacer y para eso hay que tener la capacidad para hacerlo. Entonces hay que desarrollar la capacidad pública, aunque sea para negociar. En otras áreas, como biotecnología, hay modelos mixtos que funcionan. Es el caso deBioceres, un emprendimiento privado asociado con el CONICET.

¿Falta vinculación entre los organismos de ciencia y tecnología?

Hoy no tenemos conexión. Hay planes del Ministerio de Industria y del MINCYT sin trabajo en común. Que la línea de financiamiento o que la evaluación de determinados proyectos fueran en conjunto no me parecería mal. Si uno toma a la CNEA, a la CONAE y ARSAT, hoy el presupuesto fuerte de tecnología en la Argentina lo maneja el Ministerio de Planificación. Todos estos organismos y ministerios, junto a otros como el INTA y el INTI, tienen que dialogar, interactuar. Hoy no tengo capacidad para hacerlo, pero habría que actuar con potencia ahí. Por ejemplo, si tengo un problema de medicamentos: que alguien sea capaz de juntar al INTI, al MINCYT, al Ministerio de Salud y a los laboratorios. Y hay que juntarse con las provincias. Federalizar la ciencia no es abrir delegaciones del CONICET en el interior del país, sino articular actividades de I+D con las provincias para resolver problemas concretos.

 

“EL MINCYT HIZO LO QUE PUDO”

“El MINCYT hizo lo que pudo”

Carlos Melo, director de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de Buenos Aires y referente de Cambiemos en el área, dice que el MINCYT no tuvo fuerza política y propone premios salariales para investigadores que publican en revistas prestigiosas.

 Agencia TSS – Carlos Melo dejó su puesto de director de Investigación, Desarrollo y Biotecnología de Laboratorios Aché en San Pablo, Brasil, para asumir en septiembre del año pasado como director deCiencia y Tecnología de la Ciudad de Buenos Aires. La firme intención de volver a la Argentina y una serie de conversaciones con el ministro de Desarrollo Económico porteño, Francisco Cabrera, lo terminaron de decidir.

Este doctor en Química (biológica) y licenciado en Química Industrial (Universidad de Buenos Aires), que se desempeñó como investigador en Gran Bretaña e Italia, de regreso en la Argentina trabajó en el desarrollo de proteínas recombinantes y dirigió el grupo de investigación en el laboratorio Biosidus que obtuvo el primer vacuno clonado transgénico de América Latina. De allí se conocen con el actual ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación (MINCYT), Lino Barañao. “Cuando hicimos la vaca clonada, Lino fue uno de los que puso las ideas base y fue parte del equipo de trabajo que yo lideraba”, recuerda.

A un año de haber asumido y a poco de las elecciones presidenciales, Melo es el principal referente de ciencia y tecnología del frente Cambiemos. “No soy PRO y no soy aplaudidor. Toda mi carrera la hice en el sector privado desarrollando productos, y cuando me ofrecieron esto me encantó el desafío, porque lo que falló siempre en la Argentina es la traducción de la ciencia a la tecnología. Porque siempre tuvimos buena ciencia, pero no alcanza con eso”, le dijo a TSS durante la entrevista.

Un primer análisis que surge sobre la Dirección de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de Buenos Aires que está a su cargo es que depende de la Subsecretaría de Economías Creativas, que a su vez depende del Ministerio de Desarrollo Económico porteño. Además de resultar un organigrama por lo menos curioso, ¿no es un rango demasiado bajo para un área que se supone relevante?

Absolutamente. Y no es un análisis que hago yo, sino que también es compartido por otra gente del PRO. La magnitud que debe tener una Dirección de Ciencia y Tecnología no se corresponde con lo que es ahora, es un defecto que aceptamos y que tenemos que cambiar. La Dirección fue creada hace poco tiempo y fue equivocadamente postergada por diferentes razones. Desde decisiones hasta programas equivocados. Mi función es hacerla subir y el año que viene voy a poder demostrar si lo conseguí o no. Hay que esperar a que salga el nuevo presupuesto aprobado por la Legislatura. La idea es elevar todo: rango, responsabilidades, presupuesto y programas. Obviamente que es muy diferente a la Nación, porque una cosa es contar con universidades, con el MINCYT, con el CONICET y otra cosa es hacerlo en Buenos Aires.

¿Conoció a Mauricio Macri o tuvo algún tipo de intercambio con él sobre estos temas?

No hablé con él. Mi día a día es con Enrique Avogadro (subsecretario de Economías Creativas) y trabajo hasta el nivel de Francisco Cabrera. Pero a Macri le llegan las cosas y el documento que estamos armando va a ir firmado por él. Hay muchas cosas que decimos en nuestro programa que son de punta e implica tomar un riesgo decir que se van a hacer. Por lo tanto, no puede firmarlo si no va a estar seguro de que va a cumplir con lo que decimos.

¿Cómo elaboraron ese plan? Cuáles son sus lineamientos principales?

Es un documento bastante extenso, que todavía no es público, aunque ya lo presentamos en algunas universidades. En la etapa inicial de la elaboración del programa, lo que nosotros hicimos fue no intervenir en la primera versión. Se armó un equipo con perfiles totalmente disímiles, desde un ingeniero nuclear hasta un psicólogo, profesionales que forman parte del sistema científico y otros no. Estudiaron todo desde base cero, como una caja negra. Ellos armaron un programa que nos presentaron y ahí sí entramos nosotros, los que veníamos con un perfil científico, a moderarlo. Agarramos ese programa y nos encontramos con que, para venir de gente que no estaba dentro del sistema, coincidíamos en muchísimos puntos. Entonces rearmamos el programa y empezamos a verlo con referentes de ciencia y tecnología, para validarlo. Hace poco también se nos sumó la gente de (Ernesto) Sanz, que ya tenía un programa con muchas coincidencias con el nuestro y del que forman parte especialistas como Carlos Abeledo. Hemos llevado nuestra propuesta a referentes de diversas áreas y orientaciones políticas. Yo les pedía que me dijeran en qué nos habíamos equivocado y qué podíamos mejorar. Algunos se sorprendían de que mi presentación no tenía amarillo y no decía PRO. La pusimos a prueba, tuvimos aportes muy valiosos y también algunas críticas que en ocasiones no llegamos a entender.

¿Por ejemplo?

Que el que trabaja mejor tiene que tener mejor evaluación en su carrera de investigador y mejor salario. ¿Publicaste en Science? Tenés 30 % más de salario. ¿No publicaste en Science? Mala suerte, es la vida. El que publicó ahí me muestra que es mejor que los otros. ¿Tiene que ganar lo mismo cualquier investigador principal que otro que publicó dos veces en Science? Nosotros creemos que no. Estamos totalmente convencidos de que un investigador principal no puede ganar lo mismo por su antigüedad que por su calidad.

Pero eso implicaría una valoración unidimensional y algo elitista, justo en una etapa en la que el CONICET busca un cambio en la evaluación del trabajo científico, como ponderar la capacidad de vincularse con el sector productivo y hacer transferencia de conocimientos, por ejemplo.

Un poco tarde lo están haciendo, ¿no? El CONICET es de los años cincuenta. Y después de 12 años de este Gobierno siguen sin poder hacerlo. No es sólo eso lo que queremos evaluar en los investigadores. También nos interesa la transferencia de tecnología, medida tanto como patentes como transferencia genuinamente efectuada, más allá de si hay patente o publicación. Lo que tiene valor social también tiene que tener puntos en la carrera de investigador y tiene que tener un premio no necesariamente económico, sino que también habría otras clases de premios.

Recientemente se encontró con con Carlos Gianella (referente del Frente para la Victoria, ver entrevista) y Danya Tavela (Progresistas, ver entrevista). ¿Qué sensación le dejó?

Que debería repetirse mucho más, porque hay muchas coincidencias en términos generales. Pero en Cambiemos me parece que somos los únicos que estamos preparados con premisas en serio, que sabemos de dónde sacaremos la plata y qué dificultades enfrentamos. Me gustó cómo habló Tavela. Pero lo de Gianella fue un discurso de barricada con títulos que se oían bien, pero sin un fundamento claro ni autocrítica. “El mío es el programa de Daniel”, decía. Pero mi sensación es que Daniel no tiene la menor idea de lo que es ciencia fuera de la ciencia mediática, que es Tecnópolis. Que está bien, porque hay que mostrarle al pueblo las cosas que se hacen. Pero hacer ciencia y tecnología es otra cosa.

¿Qué evaluación hace sobre la gestión del MINCYT?

El MINCYT hizo lo que pudo. Se hicieron buenos cambios gracias a Lino Barañao, porque pusieron un ministro que valió la pena. Nuestro programa tiene como línea base que cualquier cosa que se haga en ciencia y tecnología tiene que ser política de estado. Porque si no van a salir solo empresas como Despegar y otras parecidas, emprendimientos donde tres tipos con mucha inteligencia logran armar una empresa fantástica. Y si no conseguimos consensuar políticas de estado vamos a seguir peleándonos cada vez que haya elecciones. Tiene que haber una política transversal e interministerial que realmente funcione y actúe. Hay derroche de dinero por falta de coordinación, estamos gastando 10 veces más de lo necesario para obtener 10 veces menos de lo que podríamos. Hay cosas a las que no se llegan por falta de coordinación. El MINCYT trabajó en un entorno hostil y faltaron políticas de estado que no pasaron del aprovechamiento mediático. Un ejemplo de esto es el lanzamiento de satélites, que está bárbaro y donde hay un plan de largo plazo, pero se buscó sacarle provecho político. Los fondos del MINCYT no crecieron si se los actualiza por inflación. Lo que no es poco, porque en momentos de crisis sostener la inversión también es meritorio. Creo que Barañao no pudo tener el control de los hilos ni un programa como el que necesitaba. No tuvo fuerza política.

¿Cómo se puede vincular más al sistema científico-tecnológico con el sector productivo?

Hay que evitar tanta dispersión: hoy se pone dinero en demasiados proyectos, es como tirar para todos lados para que una te salga. No tenemos dinero para eso, hay que ser cuidadosos y elegir mejor. Pero ojo, sin forzar la ciencia. Hay un equilibrio complejo, no puedo guiar al científico para que haga lo que yo quiero, porque voy a tener a un poeta fracasado. Y no puedo dejar de guiar algunas cosas que yo quiero. Simplemente hay que dividir las parcelas. Hay que crear áreas nuevas donde aquellos que quieren hacer algo para el país puedan hacerlo. Invertir en ciencia, tecnología e innovación no es una opción, es una obligación si quiero ampliar la economía de la Argentina. ¿Cómo hago para tener más soja, más trigo? Puedo hacer crecer la frontera agropecuaria, pero tiene un límite. En cambio, el conocimiento no tiene límites. Para traducir un desarrollo de biología molecular a a un producto, hoy nos sacamos un cero. Por ejemplo, se necesitan gerentes tecnológicos. Se están haciendo los esfuerzos, pero falta mucho.

Sin embargo, si alguien busca sobre vinculación del sector científico y tecnológico con el sector productivo en la Ciudad de Buenos Aires, solamente se encuentra con programas para emprendedores y talleres de impresión 3D. También cierta fascinación por el Silicon Valley y organizaciones como Singularity University, que si bien son casos exitosos, no son necesariamente extrapolables a la realidad de la Argentina.

Tenemos una oferta incompleta, acá se hizo solamente una parte. Hubo mucho foco en emprendedores y poco en ciencia. Quisiera que se me juzgara en diciembre del año que viene.

En la propuesta que presentaron al sitio Políticas CTI hay un marcado énfasis en profundizar una política de fomento al patentamiento y a que la Argentina ingrese al Tratado en Materia de Cooperación de Patentes (PCT, en inglés). ¿Por qué?

Si bien el patentamiento no es una verdadera medida de la innovación en la Argentina, es un indicador valioso y protege los desarrollos. No pertenecemos al PCT y no pudimos encontrar una buena razón para no estar ahí, porque facilitaría las cosas a la hora de patentar. ¿Cuánto cuesta patentar en 240 países del mundo? No menos de un millón de dólares. Hacen falta abogados locales y especializados, traducciones, enfrentar objeciones. Es un tema tremendamente complejo. Y no hay mucha gente que entienda de ciencia, de tecnología y de patentes. Y es algo que me arrogo porque lo hice toda mi vida. Uno ve muchas patentes hechas en el CONICET que están muy bien desde lo legal, con mucha calidad, pero tal vez no tanto con respecto a lo que la realidad implica después. Estamos en un momento ingenuo si pensamos que alcanza con hacer solo lo que dice una normativa.

Están quienes sostienen que la inversión privada en ciencia y tecnología debería equilibrarse con la inversión pública en el área y quienes son escépticos respecto de que se pueda alcanzar este objetivo en la Argentina. ¿De qué lado está?

Es muy dificil. Las empresas pequeñas no pueden tener I+D, porque encima no pueden descontarlo de impuestos, no tienen estímulo para hacerlo. lo que importa hoy en la Argentina es quién le gana a la inflación. Nosotros también aspiramos a una inversión uno a uno entre público y privado, pero sin una macro equilibrada no podemos soñar con esto. ¿Quién es el que gana más en una empresa argentina? El gerente de finanzas, no el de I+D, aunque sean de una empresa de tecnología. Y eso pasa porque es el que le da ganancia a la empresa, más que el que hace el producto. Nosotros hablamos de llevar la inversión en ciencia y tecnología a un 1,65 % del PBI en ocho años de gobierno. Es ambicioso pero posible. Aunque imposible con una economía como la actual. Y hacen falta ejemplos virtuosos: Instituciones como la CONAE, universidades como la del Litoral, empresas como Techint y Biosidus… Creo que me sobran los dedos de las manos para contarlos.

¿Qué áreas estratégicas debería potenciar el MINCYT con sus programas?

Telecomunicaciones, energía, biotecnología, agroindustria y tenemos que identificar algunas industrias que tienen que ser fortalecidas. También, obviamente, el área espacial y nuclear. Hay que promover allí donde tenemos fortalezas comparativas y donde el país tiene mayores necesidades. Y para eso también es fundamental que el sistema educativo y el MINCYT trabajen de manera transversal.

¿Qué habría que hacer con el sector de electrónica y las empresas radicadas en Tierra del Fuego? ¿Intentaría avanzar con un modelo de sustitución o abriría la importación?

Ni abrir la importación ni cerrarla. Pero esta pregunta es más para un economista que para un científico y tecnólogo. Hay que tener una política inteligente y ver cuál es el justo medio. Dar una zona de recreo para que los muchachos tengan galpones, importen todo, lo armen y tengan beneficios impositivos, no sirve. Puede ser un primer paso, pero no puede quedarse ahí. Si bien no soy un experto, yo diría que al tren de la electrónica no lo perdimos del todo, porque la evolución es tremenda y siempre hay oportunidades. Por ahí perdimos el tren de la química pesada hace 35 años, pero a los de biotecnología, agro, satélites, nuclear y electrónica los tenemos a nuestro alcance.

 

“FALTA UN ESTADO ARTICULADOR DE LA CIENCIA”

“Falta un Estado articulador de la ciencia”

Danya Tavela es vicerrectora de la UNNOBA, candidata a diputada nacional y referente de Progresistas en el área de ciencia y tecnología. Habló con TSS sobre cómo mejorar la vinculación del sistema científico con el sector productivo.

Agencia TSS – La referencia en ciencia y tecnología del frente Progresistas es Danya Tavela, vicerrectora de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (UNNOBA), quien también es candidata a diputada nacional por el espacio político liderado por Margarita Stolbizer.

A diferencia de sus colegas del Frente para la Victoria y Cambiemos, Tavela no “pertenece” al sistema científico. “Soy contadora pública, magíster en Finanzas Públicas y estoy haciendo un doctorado en Ciencias de la Gestión. Si bien no vengo desde adentro del sistema científico tecnológico, siempre estuve en el ámbito universitario y he trabajado en proyectos con científicos”, le dijo a TSS. Tavela lidera un equipo técnico del que también participan otras fuerzas como el Partido Socialista y Libres del Sur.

Recientemente compartió un encuentro con Carlos Gianella (referente del Frente para la Victoria, ver entrevista) y Carlos Melo (Cambiemos, ver entrevista), en una jornada organizada por el Encuentro Permanente de Asociaciones Científicas. ¿Existen coincidencias entre las miradas de los tres sobre las bases de una política de ciencia y tecnología?

Hay similitudes en lo que pensamos. Los tres espacios políticos coincidimos en la necesidad del desarrollo de la ciencia como una base sustantiva del desarrollo económico. Ninguno de los tres espacios concibe la posibilidad de que solamente se busque un desarrollo a través del control de las variables macroeconómicas. Un desarrollo a nivel micro implica agregar un valor a la producción primaria y para eso se necesita generación de nuevo conocimiento que se aplique a la producción. Y para eso todavía nos falta intervención del Estado como articulador mediante políticas públicas. Desde el frente Progresistas, cuando hablamos de políticas de ciencia y tecnología, nos referimos a tres cuestiones: una política en ciencia, una política en transferencia y una tercera pata que tiene que ver con la innovación: generar soluciones y adaptaciones del conocimiento aplicadas a la actividad económica. En todo eso creo que hay coincidencias con los otros espacios. Donde pueden aparecer disidencias es en aspectos como el rol del Estado, que para nosotros es el catalizador, el articulador y el que tiene que empujar, y a lo mejor otros partidos lo ven de otra forma. Esto no quiere decir un Estado sobredimensionado, pero sí con un rol muy activo, porque si no participa el Estado no hay forma de que esto se desarrolle. También coincidimos en la necesidad de incrementar la inversión. Hoy se invierte poco más del 0,6 % del PBI y nosotros consideramos que debería llevarse a 1 % esa relación, pero en la forma en que se llega a ese porcentaje también tenemos diferencias. Para nosotros es fundamental la participación del Estado y la creación de un esquema de incentivos tributarios para que los privados también inviertan en ciencia y tecnología, mientras que para otros sectores esa financiación puede venir de empréstitos internacionales.

¿Proponen beneficios impositivos atados a requisitos como la inversión en I+D, como se exige en algunos regímenes de promoción como el de la industria del software?

Sí, pero dentro de un marco más amplio. Progresistas plantea una revisión de todo el sistema tributario argentino. También creemos que hay que usar al sistema tributario como una herramienta de incentivos a la producción y al desarrollo de determinados sectores. Como nos parece que la inversión en I+D en el sector privado adolece de algunas debilidades, consideramos que es un camino para incentivar al sector privado a invertir en investigación. Si la empresa no tiene capacidad para generar nuevas cosas es muy difícil que sea competitiva. Tenemos una capacidad científica mundialmente reconocida que tenemos que ponerla al servicio del país.

¿Cuáles son los temas pendientes? Una de las críticas recurrentes es que el sistema científico tecnológico argentino está desconectado entre sus partes.

Nuestra idea es fortalecer herramientas que se han creado en estos años, que tienen que ver con la creación de consorcios público-privados y el desarrollo de programas específicos, programas como elFONTAR, FONCYT y FONARSEC. Sabemos que la plataforma de partida es muy buena, que esta década ha servido para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, que es muy positiva la creación del MINCYT y que ahora llega la etapa de fortalecerlo y de articularlo con el resto de los ministerios: Industria, Agricultura, Educación, con las universidades nacionales y con los organismos científicos provinciales, mediante una interacción real. Falta un espacio de articulación de todos los organismos, porque el GACTEC no funciona. Las provincias han desarrollado organismos propios, casi todas. A esto hay que articularlo de alguna manera, porque si no lo hacemos nos cruzamos, nos solapamos y no aprovechamos los recursos de manera eficiente. Por otro lado, todo esto es bastante lógico, porque el Ministerio fue creado en 2007, es una institución relativamente nueva. Notamos un esfuerzo del MINCYT por federalizar la ciencia, de la mano del CONICET y de las universidades nacionales. Pero falta que esa federalización de la ciencia llegue al sistema productivo. Por ejemplo, que los doctores ingresen a las empresas, hay que lograr eso. Por ahora eso no es una prioridad para el sector privado y entonces hay que incentivarla, ahí juega un rol el Estado. Porque eso puede impactar en la competitividad de las empresas.

Para llevar la inversión en ciencia y tecnología al 1 % del PBI, ¿qué rol debería tener la inversión en I+D del sector privado?

Con la estructura empresaria que tenemos hoy es casi imposible pensar en una inversión uno a uno en I+D entre el sector público y privado en la Argentina. Y está bien pensar en el mediano y largo plazo, así se desarrollan los países, pero no podemos poner esa meta muy cerca porque es irrealizable. En la ciencia y en la educación nunca hay resultados rápidos y la estructura empresaria argentina no tiene capacidad de hacer ese giro en el corto plazo. Por eso hablamos de incentivos tributarios, de conglomerados de innovación tecnológica relacionados con las economías regionales a través de parques industriales y de polos de desarrollo. Todo eso lleva muchísimo tiempo. Tenemos mucha pyme y mini pyme en el interior. Por eso es utópico que esas empresas inviertan en esto sin un apoyo y estímulo del Estado.

Ustedes han sido muy críticos del financiamiento de la ciencia con fondos internacionales. ¿Por qué?

Porque condicionan la continuidad de los proyectos. Yo hablo desde mi experiencia personal en la universidad: tengo proyectos con financiamiento internacional y quedamos atados a la variabilidad de las decisiones de carácter macroeconómico que toma el Gobierno. La participación de los fondos internacionales y nacionales tiene que ser más equilibrada, porque esto hace también a un desarrollo genuino. Puedo pedir prestado para obras de infraestructura, por ejemplo. Pero lo que tiene que ver con el desarrollo genuino del país, con la educación, con el apoyo al sector productivo, eso lo tengo que hacer con fondos nacionales. Eso está desequilibrado hoy en día: prácticamente todos los programas de laAgencia (de Promoción Científica y Tecnológica) están financiados con empréstitos internacionales. Entonces se hace muy difícil garantizar la continuidad de algunos proyectos y eso afecta la sustentabilidad. Son compromisos de mucho dinero que después el Estado no puede sostener si se interrumpe ese flujo por alguna razón. Hay una publicación reciente del MINCYT que habla de unos 2.000 millones de dólares de financiamiento externo, es un monto relevante.

¿Debería mejorarse la asignación presupuestaria del MINCYT?

Sin dudas. Si uno hace la participación deflacionada de la inversión en el área es prácticamente la misma que hace unos diez años. Hay un poco de maquillaje de los números. Lo que no quiere decir que el sector no se haya desarrollado muchísimo. Hay una muy buena plataforma de partida, hay que profundizar los programas que funcionan, hay que federalizar más la ciencia y creemos que hay que cambiar algunas cosas, como los montos y el origen del financiamiento.

¿Qué relevancia le dan a profundizar una política de patentamiento como propone Cambiemos? En ámbitos académicos y de gestión está en discusión la eficacia del patentamiento como herramienta de protección y medida de innovación. ¿Qué posición tienen al respecto?

En primer lugar, considerarlo como un indicador central de la producción científica y tecnológica no sirve porque en la Argentina no hay cultura de patentamiento. Y hay cuestiones que tienen que ver con la generación de pequeños cambios en una tecnología, adaptaciones, que no son patentables, pero a la vez son muy valiosas.También hay un profundo desconocimiento de su normativa: hay que analizar si el patentamiento es algo que vale la pena impulsar o no con políticas concretas por parte del Estado. Muchas veces, en los países llamados periféricos, tendemos a comprar estándares e instrumentos que se validan a nivel internacional. Y cada país tiene su realidad y hay que trabajarla más en profundidad. En primer término hay que revisar normativas, aclarar zonas grises con respecto al patentamiento y la propiedad intelectual y repensar estas políticas.

¿Qué evaluación hacen de los cambios impulsados en el CONICET con respecto a vinculación y federalización de sus actividades?

Creo que el CONICET ha tenido un viraje muy importante en los últimos años. Avanzó muchísimo en federalizar su actividad, han radicado investigadores en todo el país. Me parece que han logrado una buena articulación con el sector universitario y empiezan a caminar un poco más cerca del sector productivo. Hay que profundizar eso con programas de radicación de investigadores en empresas y no solo en institutos y universidades. Los necesitamos en el sector productivo y en las economías regionales. Y hay cosas para mejorar en su funcionamiento: garantizar el acceso transparente a carreras, mejorar el mecanismo de evaluación, y darles garantías y derechos a los becarios, entre otras.

¿Percibe cambios en la actitud del sistema científico en cuanto a vincularse con problemáticas señaladas como estratégicas por parte del Estado?

En primer lugar, coincidimos en que hay que lograr que nuestros científicos pongan más la cabeza en cómo generar soluciones y aplicaciones de su conocimiento en problemas productivos del país. Yo estoy en una universidad y veo que ha cambiado muchísimo la relación de los investigadores con la orientación de la demanda, hay otra mirada. Yo estoy en una universidad muy particular, regional, donde trabajamos codo a codo con el sector productivo local, y veo que hay otro nivel de involucramiento que el de una década atrás. Por supuesto que sigue habiendo una barrera cultural entre el sector académico y el empresario, pero se avanzó muchísimo. Yo he participado de proyectos entre empresarios y científicos y es una experiencia muy interesante poder ver cómo cambia la valoración que cada uno hace de la otra parte durante el proceso de traducción de la tecnología. Ahí es fundamental el rol del articulador y el Estado tiene que asumir ese rol con herramientas para vincular y con el aporte de financiamiento.

¿Qué postura tienen con respecto al conglomerado de electrónica radicado en Tierra del Fuego?

Siempre es importante seguir avanzando. Lo hecho hasta acá en Tierra del Fuego es lo que hay y es deseable que avance hacia algo mejor. Ahora hay una universidad que tiene que tener un rol. Hace falta un acuerdo del Estado, de la provincia, sobre cómo se puede lograr un proceso sustentable en el tiempo. Y no se lo va a lograr ensamblando partes, sino que hace falta radicar recursos humanos, invertir en infraestructura y equipamiento. Y para eso hace falta un plan articulador. Hay que hacer un análisis detallado de las cadenas productivas, yo creo que siempre hay algún margen para integrar localmente algún componente. Pero antes hay que estudiar en detalle qué aporte podemos hacer y qué competitividad se puede alcanzar en cada una de las líneas.

¿Qué cosas quedan por hacer en cuanto al rol de la mujer en el ámbito de ciencia y tecnología?

En toda la política de género, en lo que tiene que ver con el rol de la mujer en el sistema de educación superior y en el sistema científico-tecnológico, siempre hay mucho por hacer. Eso no quita que las mujeres hemos crecido dentro del sistema de ciencia y tecnología. En el CONICET, las investigadores adjuntas son el 60 % del total. Pero cuando se sube en la pirámide ya empezamos a hablar solo de un 30 % de mujeres. Esto tiene mucho que ver con que en el momento en que la mujer puede pegar el salto en la carrera científica, alrededor de los 40 años, es justo el momento en que el reloj biológico le dice que tiene que ser madre. Y eso es incompatible con nuestro sistema científico tal como está diseñado. Las mujeres hacemos un enorme esfuerzo para que sea compatible, pero es muy difícil. Hay que trabajar en un régimen de licencias compartidas y en que los espacios de educación, de investigación, tengan guarderías para el cuidado de los niños y quedan cosas por hacer para equiparar legalmente al hombre y a la mujer. Se han hecho cosas en el CONICET y en la CIC para que la maternidad no sea una restricción para la carrera de una investigadora, pero falta un camino por recorrer.

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