jueves, 28 de octubre de 2021
Editoriales

A Favor del Voto Electrónico… y Online.

El surgimiento de la computación le debe mucho a los Estados. Cuando IBM buscaba sus primeras oportunidades para poner en marcha sus máquinas tabuladoras a gran escala, encontró en los gobiernos (y su gran voracidad por procesar datos) al cliente ideal. En el siglo XIX una “computadora” consistía de un salón lleno de personas realizando cuentas aritméticas pasándose los resultados entre sí, no sin frecuentemente encontrar importantes errores en el calculo realizado teniendo que reiniciar todo el proceso. Tanto para censos poblacionales como para elecciones democráticas, el poder procesar esa información de forma automatizada sin riesgo a que ocurran errores y a un costo significativamente menor (frente a poblaciones en sistemático aumento), es indudablemente una ventaja a favor del uso de la tecnología

Por Santiago Siri

Las máquinas son imparciales: no votan a nadie. Procesan información sin perseguir interés alguno siguiendo simples mecanismos enmarcados en su capacidad lógica. Y su aplicación contribuye a la resolución de conflictos evitando injusticias. Una sencilla analogía se puede encontrar observando al mundo del deporte: por un lado están aquellos juegos donde el protagonismo se lo lleva el factor humano a raíz de una decisión arbitraria del referí (como suele suceder en el fútbol latinoamericano) y se termina contaminando al juego y su folklore con el elemento de la polémica. Y en aquellos juegos donde se permite la intervención tecnológica para determinar un fallo (como el rugby o el fútbol norteamericano), la violencia es contenida por la imparcialidad que imponen las múltiples cámaras y sistemas que permiten medir al detalle lo que ocurre en una jugada. Son diferentes formas culturales de vivir el ritual del deporte. Pero cuando se trata de sistemas democráticos y electorales, ya no se esta hablando sencillamente de un juego sino de sistemas que terminan impactando profundamente en la vida de cada uno de nosotros. Su mal funcionamiento no es una opción deseable.

La polémica instalada por el uso del voto electrónico es una reacción clásica que toda sociedad expresa frente al advenimiento de nueva tecnología. Pero lamentablemente es un debate que terminó planteándose en posturas binarias (voto electrónico si vs. voto electrónico no) que poco contribuye a educar respecto al potencial genuino que ofrece la tecnología para profundizar nuestros hábitos democráticos.

Ante todo, vale aclarar que el voto ya es “electrónico” en gran medida desde hace varias décadas. Los resultados que se anotan de cada urna escrutada van directamente a un Centro de Cómputos donde un equipo de voluntarios se dedica a subir los datos a un sistema informático que termina de hacer el recuento sobre todos los votos emitidos. Por lo cual evidentemente la argumentación actual en contra del voto electrónico no podría plantearse en términos advertir una posibilidad de fraude en el conteo. El reclamo es uno de interfaz: usar una terminal electrónica para elegir al candidato vs. ingresar una boleta impresa en un sobre.

Cuando con el Partido de la Red participamos de nuestras primeras elecciones en 2013, nos dimos cuenta de lo bien articulada que esta la trampa de la boleta impresa: la ley exige a todos los partidos imprimir sus propias boletas (bajo un papel de gramaje específico y a todo color). Eso implica un costo muy elevado para los partidos chicos que apenas cuentan con fondos para una campaña y menos aún con la capacidad logística necesaria para empaquetar y distribuir millones de boletas. El sistema actual beneficia indudablemente a los partidos grandes y excluye a las propuestas nuevas. Una solución obvia es la de implementar la Boleta Única, algo cuyo debate viene postergándose sistemáticamente en el Congreso Nacional. El problema es que actualmente la ley electoral argentina consiste en la presentación de listas sábanas para los cargos legislativos (obligando a los partidos presentar hasta 45 candidatos para ocupar asientos en el Congreso). Esto significa que implementar un sistema de Boleta Única con tinta y papel implicaría tener que imprimir prácticamente el equivalente a un diario por cada votante. El sistema usado en la ciudad de Buenos Aires deBoleta Única Electrónica donde el votante elige en una pantalla digital a sus candidatos y luego imprime la boleta con los datos elegidos es un paso hacia adelante. La interfaz digital resuelve correctamente como presentar de manera ecuánime a todos los candidatos y a la vez, al imprimir la boleta, se mantiene la posibilidad de hacer un recuento manual de los votos en caso que fuere necesario detectar potenciales fraudes.

La crítica entonces termina limitándose a cuestiones técnicas: la Boleta Única Electrónica implementada en la ciudad usa chips RFID para almacenar electrónicamente la información y existe documentación académica que advierte sobre la vulnerabilidad de estos chips, pudiendo potencialmente atentar contra el secreto del voto. Ese potencial ataque descrito requiere de la voluntad explicita de querer leer el voto de una persona y sería muy difícil realizarlo a gran escala. Es análogo a querer mirar como vota alguien parándose en una silla y espiando por la ventana lo que ocurre en el cuarto oscuro. No obstante esta no deja de ser una crítica válida pero quemaliciosamente se usa para confundir a la población alertando sobre supuestos riesgos generales del voto electrónico. Lo cierto es que no necesariamente una implementación de voto electrónico debe hacerse usando chips RFID. El reclamo justo que debería hacerse en este caso es exigir que todo el software utilizado en estos sistemas sea de código abierto y libre para que cualquiera pueda fiscalizar su funcionamiento (y el de las máquinas que generan la información). Esto abre la posibilidad a cualquier asociación, partido político, universidad o medio a auditar cada detalle del proceso sin tener que pedirle permiso a nadie para hacerlo.

VOTO-ELECTRONICO

También es frecuente la referencia experiencias de países como Alemania donde existe un fallo que terminó revirtiendo el voto electrónico alegando incompatibilidad constitucional. Lo que no se señala es que todas las pericias hechas al sistema de voto electrónico usado en Alemania remarcaron que no había vulnerabilidad o falla técnica alguna en la implementación. Lo que el fallo expresa es que se debe poder garantizar a todos los habitantes la comprensión sobre como funciona cada aspecto del acto electoral para poder ejercer su derecho a involucrarse en la fiscalización. Y esto refiere, nuevamente, al grado de alfabetización digital que existe en la población.

En una ciudad como Buenos Aires, según el índice de estadísticas oficial, el 93% de las personas que tienen menos de 29 años acceden y usan redes sociales al menos una vez por semana. Esto quiere decir que la brecha digital ya no es socio-económica sino generacional. La adopción tecnológica gracias a su sistemática baja de costos año tras año hace que — si observamos la película en lugar de la fotografía — veamos claramente como el mundo esta yendo hacía un contexto de plena conectividad en las nuevas generaciones. Alemania es actualmente el cuarto país más envejecido del mundo con una edad promedio de 43.7 en sus habitantes mientras que en Argentina el numero desciende a 30.3. Indudablemente a medida que las nuevas generaciones (que ya crecen y se educan conectadas a la red) vayan tomando mayor protagonismo, menos razones habría para considerarlas incapacitadas para entender como funciona un sistema digital.

Algunos creen que se promueve el voto electrónico para ofrecer sencillamente comodidad al votante. Esta es otra apreciación errada y reduccionista incapaz de percibir el potencial cívico que abre el uso de tecnología digital a la hora de votar. Si el costo de implementar una elección se reduce drásticamente entonces aumenta la posibilidad de realizar más elecciones, sobre diversos temas, más seguido. La democracia se potencia como nunca con el uso de tecnología. Y esto está enmarcado en las constituciones de todo el mundo que garantizan la posibilidad de hacer referendos o incluso una constitución como la de Buenos Aires que en su artículo primero destaca:

La Ciudad de Buenos Aires, conforme al principio federal establecido en la Constitución Nacional, organiza sus instituciones autónomas como democracia participativa y adopta para su gobierno la forma republicana y representativa.

Es por eso que no solamente me parece positivo avanzar en la dirección del voto electrónico, sino que además debemos promover el voto online. Con el Partido de la Red hemos debatido más de 400 proyectos de ley de la ciudad donde en todos ellos el aporte ciudadano ha sido esclarecedor, con argumentaciones sólidas y decisiones claras. Lo interesante de hacer sistemas de votación online es que el software gana todo el protagonismo, volviendo irrelevante al hardware: la aplicación en cuestión debería poder correr en todo tipo de dispositivos haciendo que no sea posible implementar alguna trampa escondida en los chips del hardware utilizado (algo que podría ocurrir en la implementación actual de la Boleta Única Electrónica). Y a medida que en internet emergen nuevos protocolos descentralizados para garantizar confianza online como el Blockchain, se cuenta con una infraestructura distribuida que es segura y escalable para construir un sistema plenamente democrático y confiable. Incluso la posibilidad de usar esta clase de protocolos puede contribuir en volver obsoletas a varias de las instituciones que han intermediado nuestra vida social y política en el pasado dandole lugar a una nueva forma de institucionalidad completamente online, sin fronteras y con mayor legitimidad al permitir el voto cotidiano de todos los actores involucrados.

Es cierto que actualmente es una pequeña parte de la población tiene los conocimientos necesarios para analizar código de software. Pero esto quiere decir que el déficit actual encuentra precisamente en la alfabetización digital de la población. Desde el Partido de la Red sostenemos que la programación debe ser de enseñanza obligatoria en las escuelas dado que implica incorporar el lenguaje fundamental sobre el que se mueve la sociedad de la información en la que estamos viviendo. El Estado debe abogar por el progreso intelectual de las personas para poder capacitarse respecto al mundo que viene y no el mundo que se va. Del mismo modo que la imprenta logró en tiempos del Renacimiento democratizar el acto de leer y escribir (algo hasta entonces reservado para los poderosos), es que una sociedad conectada en red debe pujar por incorporar un conocimiento real en todos sus habitantes sobre como funcionan los dispositivos digitales que usamos a diario para informarnos y tomar decisiones de toda índole. De esto se trata facilitar el progreso y el crecimiento intelectual de las personas. La ignorancia existente sobre un tema jamás debe ser usada como justificación del status-quo, porque es precisamente eso lo que el status-quo desea.

El único reclamo claro que debemos hacer todos como ciudadanos es que toda tecnología cívica que se implemente sea software libre y de código abierto. Desde hace tres años venimos trabajando junto a un equipo de gran capacidad y dedicación en el esfuerzo de código abierto más grande a nivel mundial para crear una tecnología de votación online. Y ya hemos visto a nuestra herramienta DemocracyOS transformar la dinámica de congresos municipales y nacionales, partidos políticos de todo tipo, alcaldías, sindicatos, centros de estudiantes, organizaciones sin fines de lucro y corporaciones privadas, en 4 continentes y 16 idiomas. Más que nunca estamos convencidos del inmenso potencial que tiene DemocracyOS para contribuir en una democratización profunda en toda clase de instituciones. Pero por sobre todas las cosas: en contribuir a la cultura democrática de nuestros hábitos ciudadanos de todos los días (y no solamente una vez cada dos años).

Es gracias a la revolución digital que atraviesa al mundo entero que hoy la democracia tiene más poder que nunca.

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