miércoles, 29 de junio de 2022
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Bacterias detectan arsénico en agua.

El diseño industrial y la biología sintética se combinan en un desarrollo innovador que utiliza bacterias modificadas genéticamente para detectar arsénico en agua. Convertido en un dispositivo fácil de utilizar, llegará pronto a los hogares argentinos.

Un equipo de estudiantes, docentes e investigadores logró modificar genéticamente la bacteriaEscherichia coli, para que sea capaz de indicar la presencia de arsénico en agua. Ahora, este grupo de trabajo interdisciplinario –que incluye profesionales de distintas disciplinas, como la biología, la física, las ciencias de la computación y el diseño industrial–, está desarrollando un dispositivo accesible en costos y fácil de utilizar, que funciona de manera similar a la de los conocidos test de embarazo.

“El proyecto se inicio en el laboratorio, luego [los investigadores] consideraron que era muy interesante que llegara a la gente y para eso necesitaban transformarlo en un producto; fue entonces cuando nos incorporamos, un grupo de tres diseñadores, a trabajar con ellos”, comenta Adrián Teijeiro, diseñador Industrial y docente en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, y afirma que ya están “a punto de hacer la pre-serie de fabricación, que sería previa al lanzamiento de una cantidad mayor que pueda llegar al usuario final”.

Cuando eso ocurra, este biosensor denominado SensAr les permitirá a los cuatro millones de argentinos, que hoy están expuestos a diversas cantidades de arsénico en agua, detectar y actuar frente a la presencia de esta sustancia tóxica, que consumida de manera prolongada puede provocar, entre otras cuestiones, alteraciones cardíacas, vasculares y neurológicas, lesiones en el hígado, los riñones y la piel, y problemas en el aparato respiratorio.

Bacteria Escherichia coli
Un equipo de estudiantes, docentes e investigadores logró modificar genéticamente la bacteria Escherichia coli, para que sea capaz de indicar la presencia de arsénico en agua.

 

“La interacción con los diseñadores fue, de alguna forma, salir de las cuatro paredes del laboratorio y empezar a pensar en los demandantes, en  los usuarios, en la producción y en las necesidades de la sociedad como algo concreto… y no menos importante fue el aporte en cuanto a la  estética y a la folletería, en Exactas sabemos cómo generar datos y cómo analizarlos, pero poco de cómo presentarlos”, destaca el doctor en  biología Alejandro Nadra, y recuerda que este proyecto surgió en el marco de una competencia internacional de biología sintética organizada,  en 2013, por la fundación IGEM (International Genetically Engineered Machine) en Boston, Estados Unidos.

El grupo inicial estaba compuesto por estudiantes coordinados por graduados de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA –  adonde este investigador del CONICET también es docente–, que fue el que logró diseñar el modelo teórico para este biosensor que, en 2013,    obtuvo la medalla de honor y el premio al mejor modelo teórico en dicha competencia, lo que los convirtió en los primeros de América Latina en  recibir tal reconocimiento.

Luego, los investigadores trasladaron el modelo teórico al laboratorio y una vez que probaron su eficacia comenzaron a trabajar en el prototipo  de un dispositivo que hiciera llegar este desarrollo a los hogares en riesgo: ¿de qué manera llegarían las bacterias sintéticas al usuario no  especializado, cómo tendría que ser la carcasa que las contenga de manera segura pero también atractiva, económica y fácil de usar?

Fue en esta instancia, cuando surgió la necesidad de contar con el conocimiento de otras disciplinas, como el diseño. “Al principio, la expectativa era transmitirles qué carcasa necesitábamos para que ellos la hicieran, y recibir algún comentario sobre cómo mejorar nuestra idea, algo así como tercerizar una parte acotada del proyecto”, recuerda Nadra y destaca que “lo que pasó fue muy distinto: para hacer bien su trabajo, [los diseñadores] necesitaban entender qué era lo que estábamos haciendo, cómo, por qué, para quién… se involucraron en el proyecto a la par del resto del equipo y empezamos a pensar juntos cómo tenía que ser este dispositivo, para que pueda ser producido y usado por sus destinatarios. Incluso, tuvimos que re-pensar el sistema biológico para hacerlo más funcional y nos pusimos a pensar cómo debería ser una carcasa ‘genérica’ para la nueva generación de dispositivos multifunción basados en biología sintética, y que para eso convendría ponernos a investigar en materiales”.

Adrián Teijeiro

“El objeto debe nacer entre las disciplinas… no es que se genera algo en el laboratorio y le ponemos la carcasa, la evolución va en conjunto”, destaca Adrián Teijeiro.

 

Por ejemplo, agrega Teijeiro, “hicimos varios desarrollos, usamos plástico, y una de las variables que estamos probando es hacer la carcasa externa de papel reciclable, y que solo la parte que contiene las bacterias sea de plástico, porque hay que tenerlas alojadas herméticamente para que no escapen… Además, las bacterias están programadas para morir después de un par de generaciones y el dispositivo tiene alojado un veneno químico, en una cavidad por debajo de las bacterias, que hace que al poco tiempo de ser activadas con agua, se libere un compuesto clorado para matarlas… no se le quiere traspasar al usuario la responsabilidad de eliminarlo”.

Este desarrollo ha sido distinguido a fines del año pasado con  el primer premio en la categoría Producto Innovador en el concurso INNOVAR. “Creemos que esto es la punta de una nueva industria que se va a empezar a generar”, se entusiasma Teijido y no descarta que en algún momento de este 2015 el producto pueda estar disponible, ya sea para que lo adquiera el usuario final o para que lo distribuya algún organismo público en los hogares en riesgo.

“Creemos fuertemente que el objeto debe nacer entre las interdisciplinas, porque muchas de las funciones reales y biológicas van asociadas a la forma; entonces, tiene que nacer de un trabajo interdisciplinario, no es que se genera algo en el laboratorio y después le ponemos la carcasa, la evolución va en conjunto, eso es lo que estamos ejercitando y la verdad es que es muy productivo”, concluye

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