lunes, 29 de noviembre de 2021
Editoriales

CALADO HASTA LOS HUESOS

¿Probaron alguna vez oírse en una grabación? Esa voz que se escucha no se parece a la nuestra. Y sin embargo, nadie a nuestro alrededor parece darse cuenta ¿Cómo es posible? Todo tiene que ver con la forma en que el sonido llega a nuestro oído interno.

Por Valeria Edelsztein

Supongamos que estamos escuchando “Yellow Submarine”, la canción de Los Beatles. El sonido no es otra cosa que ondas que se propagan por el aire. Y así, durante su viaje, llegan a nuestros oídos, formado por tres partes diferentes: el oído externo, el oído medio y el oído interno.

El oído externo es el laberinto que se ve a simple vista (y que podemos limpiar con los hisopos). Su función en captar las ondas sonoras que se propagan en el aire. También incluye el conducto auditivo externo, que es donde se produce la cera. Uno no debería meter el hisopo a fondo para sacar esta cera porque la necesitamos para evitar infecciones. Es como si por querer limpiar la mesa del comedor termináramos sacándole el barniz.

Valeria Edelsztein

Valeria Edelsztein

 

Una vez que las ondas atravesaron el oído externo, llegan al oído medio que es el que va a transformarlas en vibraciones. Para eso está el tímpano, que funciona como un tambor (es una lámina de piel finita y muy tensa) y una serie de huesitos muy pero muy pequeños: el martillo, en contacto con el tímpano, el yunque y el estribo. Los nombres no son casuales: cada hueso tiene la forma que le corresponde.

Y allí ocurre la magia: las ondas sonoras llegan al tímpano y lo hacen vibrar. La vibración mueve los huesitos ayudando a que el sonido llegue hasta el oído interno y ¡voilá! hemos arribado a la cóclea, una especie de tubito con forma de espiral lleno de líquido. Este líquido se mueve cuando los huesitos vibran generando una especie de “olas”. La cuestión es que la cóclea está recubierta internamente por células ciliadas (los cilios son unos pelitos diminutos). Cuanto estos pelitos son estimulados por el oleaje y la vibración, envían un impulso nervioso al cerebro. Finalmente, el cerebro integra todas las señales que llegan y “we all live in a yellow submarine”.

¿Qué pasa cuando en lugar de escuchar una canción somos nosotros los que cantamos? En ese caso, el sonido llega a nuestro cerebro no sólo a través del oído y todo el camino que acabamos de explicar sino que también se transmite por los huesos.

Momentito… ¿Cómo que el sonido se transmite por los huesos?

Sí, es así. La vibración de nuestras cuerdas vocales llega al aire y a través del aire a nuestros oídos pero también se propaga directamente a través de nuestros tejidos hasta la cóclea: resuenan en la boca, la garganta y los huesos del cuello y la cabeza. Entonces, lo que percibimos como nuestra voz es, en realidad, una combinación de estos dos caminos.

Cuando nos grabamos eliminamos este camino interno y sólo nos quedamos con el del oído porque los micrófonos no captan la reverberación de los huesos sino las ondas sonoras transmitidas de forma aérea. Por este motivo nos escuchamos diferentes, con una voz más aguda y chillona, aunque para el resto del mundo, que siempre nos escuchó sólo con sus oídos, sonamos de lo más normales.

Si ahora, por el contrario, queremos eliminar la conducción aérea y solamente escucharnos a través de los huesos lo que debemos hacer es taparnos los oídos y hablar o cantar. Como la conducción ósea potencia más los sonidos graves (bajas frecuencias) que los agudos vamos a escucharnos con voz más grave que la habitual.

 

¡A experimentar!

Una manera de comprobar que las ondas se propagan de manera diferente en el aire y en un medio sólido (como nuestros huesos) es el siguiente:

  • Tomamos una percha de metal y atamos en los vértices del triángulo (que no tienen el gancho) dos trozos de soga.
  • Enrollamos cada soga en un dedo índice.
  • Si ahora golpeamos la percha contra un objeto, escucharemos el típico sonido metálico que consiste en la vibración del sonido captada por nuestros oídos a través del aire.
  • Si metemos los dedos con la soga enrollada en nuestras orejas y repetimos el golpe veremos que ahora el sonido nos llega mucho más fuerte y grave. Esto es porque la vibración se transmite no solo por el aire sino también por las sogas, la percha y los huesos de la cabeza.
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