lunes, 29 de noviembre de 2021
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Natalia de Miguel: “Apuesto a que se dimensione la relevancia de la ciencia”

La doctora en Biología Molecular y vicedirectora del INTECH (CONICET–UNSAM) recibió el Premio Estímulo de la Fundación Bunge y Born. En diálogo con TSS, la experta en parasitología cuenta en qué consiste su trabajo, cuáles son sus principales desafíos y qué significa este reconocimiento en su carrera.

Por Nadia Luna

 

 

Agencia TSS – Natalia de Miguel descubrió su vocación científica de grande. Si bien sus padres son bioquímicos y pasó parte de su infancia entre laboratorios, rodearse de frascos con sustancias extrañas no era algo que le generara pasión. “La verdad es que, cuando terminé la secundaria, no sabía qué estudiar y me volqué hacia bioquímica porque fui por lo conocido y porque veía que mi mamá disfrutaba de su trabajo. Pero me parece que está bueno decir también que a veces terminás la escuela y no necesariamente tenés la vocación definida. En mi caso, fue una pasión adquirida con el tiempo. Hoy disfruto mucho ir al laboratorio, me encanta mi trabajo y lo volvería a elegir”, cuenta la investigadora.

Tras terminar la carrera de Bioquímica, de Miguel pasó un par de años en un laboratorio clínico hasta que llegó a la investigación científica. Fue un poco por azar, cuando una amiga la anotó en un curso de Biología Molecular, algo que había visto muy poco en su carrera, y descubrió que le encantaba. Hoy está doctorada en esa especialidad y trabaja en el Instituto Tecnológico de Chascomús (INTECH), perteneciente al CONICET y a la UNSAM. También es la primera mujer en asumir el cargo de vicedirectora del instituto.

Este miércoles 13, de Miguel recibió el Premio Estímulo que la Fundación Bunge y Born entrega a jóvenes investigadores desde 2001, por su trabajo en dos parásitos anaerobios de gran importancia en salud humana y ganadera. El jurado la destacó por conducir “líneas de investigación sumamente originales a nivel internacional, con posibles aplicaciones médicas y veterinarias, sobre dos patógenos de importancia mundial, pobremente abordados, y por hacerlo en el país, con la dificultad que eso conlleva”.

¿Por qué eligió especializarse en parasitología?

Mi primer acercamiento fue durante el doctorado, cuando me enfoqué en el estudio de un parásito que es el agente causal de la toxoplasmosis. Ahí descubrí que la parasitología me gustaba y decidí hacer el posdoctorado en un parásito que no estuviera muy estudiado en la Argentina. Me fui a la Universidad de California, en Estados Unidos, y empecé a trabajar con el Trichomonasvaginalis, que causa una enfermedad de transmisión sexual en humanos. Después, decidí volver a la Argentina y abrir mi laboratorio en Chascomús para continuar con esa línea, ya que hay muy poca investigación en la temática.

¿Cuáles son los motivos por los cuales hay poca investigación en esa línea, a diferencia de otras enfermedades transmitidas por parásitos, como el Chagas, y otras enfermedades de transmisión sexual, como el HPV?

Creo que uno de los motivos es que no es una infección mortal. También tiene que ver con que existe un tratamiento que es barato y suele ser efectivo. Pero lo que me parece importante destacar es que, en el 90% de los casos en hombres y en el 50% de los casos en mujeres, la infección es asintomática. Cuando hay síntomas, es muy incómoda y hace que uno vaya a buscar tratamiento, pero cuando es asintomática las personas no son tratadas y la infección se establece como crónica. En estos casos, se ha asociado a la tricomoniasis con una mayor probabilidad de desarrollo de cáncer cervical en mujeres y cáncer prostático en hombres, o una mayor transmisión del virus del HPV o HIV. Entonces, más allá de la infección en sí, que puede ser muy prevalente, tiene complicaciones asociadas a otras infecciones, lo que hace que sea importante estudiarla más. Además, sería bueno poder encontrar tratamientos alternativos. Hoy existe un solo tipo de droga aprobada. Si ese tratamiento no es efectivo, nos quedamos sin opciones.

 

¿Cómo actúa el parásito en el organismo?

Es un parásito extracelular, no ingresa a las células de nuestro organismo, sino que permanece adherido a las células de la vagina, de la próstata o del tracto urogenital femenino o masculino. Causa irritación, secreciones, destrucción de las células y una inflamación generalizada de la zona. El tratamiento que existe es con metronidazol, un antibiótico que se usa para microorganismos anaerobios. Lo que hacemos en el laboratorio es tratar de entender mecanismos de la biología del parásito para buscar tratamientos alternativos que actúen sobre alguna proteína o vía que sea esencial para el parásito.

“Lo que hacemos en el laboratorio es tratar de entender mecanismos de la biología del parásito para buscar tratamientos alternativos que actúen sobre alguna proteína o vía que sea esencial para el parásito”, explicó de Miguel.

 

¿Qué líneas de trabajo desarrollan actualmente?

En el laboratorio trabajamos con dos parásitos. Uno es el Trichomonasvaginalis, que causa la infección en humanosy es en el que yo estoy más enfocada. El otro se llama Tritrichomonasfoetus y causa una enfermedad de transmisión sexual en bovinos. Esa línea de trabajo la lleva adelante Verónica Cóceres. En el primero, estudiamos cuáles son los factores fundamentales para que el parásito pueda infectar. Por un lado, nos focalizamos en las vesículas extracelulares, que son un mecanismo que utilizan las células para comunicarse. El Trichimonas las utiliza para poder adherirse a las células del hospedador. Por eso, es importante entender cómo se forman, que proteínas tienen. Por otro lado, realizamos el estudio epigenético del parásito para tratar de entender cuáles son los genes de virulencia que se expresan en las distintas cepas del parásito y cómo se regula la transcripción de los genes. Son líneas de ciencia básica y la intención es que, si logramos encontrar cuáles con las proteínas fundamentales o los procesos esenciales, podremos estudiar como atacarlos para combatir la enfermedad.

En el caso del parásito que afecta al ganado, ¿cómo actúa?

En este caso, produce una infección de transmisión sexual que causa abortos en las vacas. A nivel local, tiene relevancia porque nuestro instituto está en una zona ganadera. Si bien no hay estadísticas concretas, las pérdidas económicas por Tritrichomonas son importantes y representa una de las mayores problemáticas que tiene la ganadería. Lo que buscamos en este caso es tratar de mejorar el diagnóstico a partir del desarrollo de técnicas moleculares porque el que existe es bastante precario. Además, estudiamos el proceso de división celular del parásito para entender de qué manera se replica y buscar así drogas alternativas que interfieran con ese proceso. También se usa Metronidazol, pero muchas veces no es efectivo y lo que se hace es separar a los toros infectados más que aplicar el tratamiento.

¿Cuáles son los principales desafíos que tiene hoy y qué le gustaría lograr en su carrera?

En cuanto a la investigación, pretendo seguir creciendo y conociendo sobre el mecanismo de infección del parásito. Me gustaría poder encontrar algún blanco terapéutico para contribuir a controlar la infección. A nivel personal, quiero formar gente que, después de haber pasado por mi laboratorio, pueda seguir desarrollando sus carreras donde sea que vayan. Creo que una de las principales tareas de un investigador es la formación de recursos humanos. Para mí, es importante que los chicos que trabajan conmigo fortalezcan su currículum y luego puedan seguir sus carreras de manera exitosa. Ese es un desafío personal que siempre tengo presente.

Actualmente, de Miguel trabaja en el Instituto Tecnológico de Chascomús (INTECH), perteneciente al CONICET y a la UNSAM. También es la primera mujer en asumir el cargo de vicedirectora del instituto.

 

En la Argentina, la ciencia ha atravesado momentos de mayor y menor financiamiento, según los distintos gobiernos y coyunturas. ¿Eso afectó su trabajo a lo largo de los años?

Yo hice mi doctorado en la Argentina, el posdoc en Estados Unidos y luego volví al país, así que tengo un panorama de cómo es hacer ciencia adentro y afuera. La realidad es que, en comparación, hacer ciencia acá es difícil. No es solo cuestión de un gobierno o de otro,  creo que desde que empecé siempre fue difícil porque los subsidios suelen ser más escasos, se cobran dos años después y con la inflación terminan llegando devaluados. También pasa que muchos reactivos son importados, tardan en llegar y entonces proyectar un experimento se complica. Hoy, por ejemplo, me llegó un reactivo que había pedido hace ocho meses. Pero, más allá de esas dificultades, se puede hacer ciencia. En mi caso, tuve financiación bastante continua en mis proyectos, tanto a nivel nacional como internacional. Yo apuesto a que se dimensione la relevancia de la ciencia y que la financiación sea cada vez mayor. Creo que hay algunos intentos en este sentido. Yo apuesto a la ciencia argentina, no pienso en irme.

Usted es la primera mujer en asumir como vicedirectora del INTECH. ¿Quérepresenta eso para usted, teniendo en cuenta que las mujeres son mayoría en el sistema científico pero minoría en los puestos jerárquicos?

La diferencia entre varones y mujeres existe. A nivel personal, no lo sentí tanto, pero basta con mirar los números de investigadoras mujeres en cargos de investigador superior o de dirección para ver que somos menos. Cuando el doctor Gustavo Somoza asumió como director de nuestro instituto y me propuso si quería ser vice me agarró un poco de miedo, por así decirlo. Mi laboratorio es joven y sentía que tenía que estar presente, y ocupar un cargo de gestión implica menos tiempo en el laboratorio. Sin embargo, acepté porque me parece importante que haya más mujeres ocupando puestos de gestión. Espero ser la primera pero no la única y que vengan cada vez más mujeres en cargos de decisión.

¿Qué significa este premio para usted?

En primer lugar, fue una sorpresa enorme porque no es un premio al que se aplica, sino que la Fundación arma un comité de selección de 17 expertos en el área, que este año fue Microbiología. Ellos proponen candidatos y de ahí surge una terna que pasa a otro jurado, compuesto por investigadores nacionales e internacionales. Yo no sabía ni que me habían candidateado, me invitaron a un zoom y casi no me conecto porque pensé que era un spam. Así que fue una sorpresa y una alegría inmensa que haya sido candidateada por mis colegas y elegida por un jurado tan prestigioso, me da mucha felicidad. Como lo dice el nombre del premio, significa un estímulo enorme para mi carrera que reconozcan mi trabajo.

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