martes, 28 de junio de 2022
Editoriales

¡NO VAYAS HACIA LA LUZ!

¿Por qué será que polillas, moscas y otros bichos alados van hacia la lamparita del patio una y otra vez, golpeándose sin control y corriendo el riesgo de morir calcinadas? ¿Acaso no se dan cuenta? ¿No hay alguna manera de que esta información se la pasen a sus congéneres? “Che Julio, no vayas hacia la luz. Roberto se achicharró el otro día”.

Por Valeria Edelsztein

Algún sabihondo adorador de refranes podrá decir que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Rápidamente otro podría retrucarle: “Eso no es cierto. Mirá a esa pobre polilla, ya van tres veces que se da la cabeza contra la lámpara. Parece que la selección natural no funcionó con estos bichos”. Y así, como quien no quiere la cosa, se abre un interrogante que seguramente a más de uno nos ha rondado, al menos de pequeños, mientras veíamos la escena: ¿por qué se comportan de esa manera kamikaze y, aparentemente, tan poco útil para perpetuar su especie?

Spoiler: no sabemos la respuesta pero hay varias hipótesis y muchas más preguntas. Eso es lo más interesante.

 

¡FOTO, FOTO, FOTO, FOTO, FOTO!

 

Biológicamente hablando, existe algo llamado fototaxis, que no es otra cosa que la respuesta de un organismo frente a estímulos luminosos. Es decir, qué hace la planta, la bacteria o el bicho si lo pongo en presencia de luz. Así, por ejemplo, algunos organismos, como las cucarachas o Drácula, presentan fototaxis negativa y huyen de la luz mientras que otros organismos, como los girasoles, se sienten atraídos hacia ella.

La hipótesis más difundida sostiene que, en realidad, el comportamiento de las polillas es absolutamente coherente ya que, al igual que otros insectos nocturnos, se dirigen hacia la luz para orientarse más fácilmente en sus movimientos migratorios (sí, algunas polillas migran e incluso tienen una especie de “brújula” interna como las aves). Al estar tan lejos, la Luna es un buen punto de referencia y se mueven de manera tal que siempre quede de un mismo lado.

Lo que ocurre es que no contaban con la aparición de la luz artificial. Una lamparita en las cercanías es muy confusa para estos animalitos porque quieren ir hacia ella y al tratar de dejarla siempre del mismo lado, como la Luna, terminan girando en círculos o espirales hasta chocar. Otra explicación a este vuelo circular sería que cuando la luz viene de la Luna lejana, llega a ambos ojos por igual y, por eso, vuelan en línea recta pero cuando están cerca de una lámpara, un ojo recibe más luz que el otro y, entonces, el ala de ese lado tiende a moverse más rápido. Resultado: la vuelta al perro.

 

VUELA ALTO, POLILLITA

 

Otra hipótesis propone que ir hacia la luz es, en realidad, una cuestión de supervivencia, un escape de sus predadores. En general, las polillas suelen descansar en arbustos o sobre el tronco de los árboles tratando de pasar lo más desapercibidas posible. Cuándo un predador aparece y mueve las hojas o hace ruido, las polillas tienden a escapar hacia el lugar de mayor luminosidad que, usualmente, es el cielo. Así, al ir hacia arriba evitan convertirse en la cena de algún bicho, a menos claro que ese bicho sea un ave.

 

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

 

A pesar de las hipótesis, muchas preguntas no tienen respuesta. Una vez que las polillas se dan cuenta que los 60 watts no vienen de la Luna ¿por qué seguir golpeando una y otra vez en el mismo lugar? ¿Y por qué algunos insectos van derechito hacia la luz en lugar de ir en círculos? ¿Por qué las especies que no migran también muestran este comportamiento? ¿Por qué en los días húmedos hay más polillas alrededor de la lamparita?

Seguramente la respuesta sea bastante más compleja que la romántica idea de guiarse por la luz de la luna. Posiblemente no todas las especies respondan a los mismos estímulos. Probablemente las razones sean múltiples y, por qué no, variables. Mientras tanto, los investigadores siguen tratando de encontrar alguna respuesta y, seguramente, nuevas preguntas.

 

 

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