lunes, 29 de noviembre de 2021
Editoriales

¿Qué es el pensamiento estratégico?

Por Adrián Paenza

Dos competidores. Una partida de ajedrez, un partido de fútbol o una contienda en esgrima. Pero no sólo en deportes: dos grupos que pugnan por conseguir un contrato o dos personas que aspiran a conseguir un determinado puesto.

Alguien, además de usted, está pensando igual que usted, al mismo tiempo que usted, acerca de la misma situación que usted.

Esencialmente se trata de cómo diseñar su interacción con esa otra persona o grupo, que propondrá situaciones que usted deberá imaginar y contrarrestar y, a su vez, usted ofrecerá las suyas tratando de ganar.

Si se tratara de un partido de fútbol, el director técnico rival es el que preparará las jugadas que “él” piensa servirán para contrarrestar las jugadas que “él” cree que usted presentará en el transcurso de un partido. Por supuesto, así como usted tiene que considerar qué es lo que el otro jugador está pensando, él, a su vez, tiene que considerar lo que usted está pensando.

Justamente, la Teoría de Juegos es el análisis o la ciencia (depende de lo que usted prefiera) que estudia cómo optimizar este tipo de toma de decisiones.

¿Qué quiere decir comportamiento racional?

Uno puede decir que actúa con racionalidad, cuando

– piensa cuidadosamente antes de actuar

– es consciente de sus objetivos y preferencias

– conoce sus limitaciones

– sabe cuáles son las restricciones que impone el contorno

– estima qué va a hacer el oponente de acuerdo con lo que uno cree que son sus virtudes y flaquezas

– elige calculadamente cómo actuar para conseguir lo mejor de acuerdo con su criterio

La Teoría de Juegos agrega una nueva dimensión al comportamiento racional, esencialmente porque enseña a pensar y a actuar en forma educada cuando uno tiene que enfrentarse con otras personas que usan las mismas herramientas.

La Teoría de Juegos no asegura que enseñará los secretos de cómo jugar “a la perfección”, o garantiza que “usted nunca va a perder”.

Esto ni siquiera tendría sentido pensarlo, teniendo en cuenta que tanto usted como su oponente podrían estar leyendo el mismo libro, y ambos no pueden ganar al mismo tiempo.

Pero, más allá de esta obviedad, lo más importante es advertir que la mayoría de estos juegos son lo suficientemente complejos y sutiles, y la mayoría de las situaciones involucran decisiones basadas en la idiosincrasia de las personas o en elementos azarosos, y por lo tanto, la Teoría de Juegos no puede (ni nada) ofrecer una receta segura para el éxito.

Lo que sí provee es de algunos principios generales para aprender a interactuar con una estrategia.

Uno tiene que suplementar estas ideas y métodos de cálculo con tantos detalles como le sean posibles, de manera tal de dejar librado al azar, justamente, lo menos posible y, de esa forma, diseñar la mejor estrategia, o en todo caso, una muy buena estrategia.

Los mejores estrategas mezclan la ciencia que provee la Teoría de Juegos con su propia experiencia.

Pero un análisis correcto de cualquier situación involucra también aprender y describir todas las limitaciones.

Uno puede pensar que, en algún sentido, ya es un artista, y adquirió lo que necesitaba saber a través de la experiencia. Sin embargo, la Teoría de Juegos ofrece un ángulo científico que sólo sirve para agregar más elementos de juicio. Más aún: es una manera de sistematizar muchos principios generales, que son comunes en muchos contextos o aplicaciones.

Sin estos principios generales, uno tendría que empezar todo de nuevo ante cada nueva situación que requiriera de una estrategia. Y esto sería, ciertamente, una pérdida de tiempo.

 

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